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El mal de ojo atrae la desgracia, y esta proviene de la envidia de otra persona hacia nosotros, de su deseo consciente o insconsciente de que las cosas nos vayan mal. Se llama mal de ojo precisamente porque uno, sin querer, atrae la mirada del otro, ese que nos mira con envidia, con malos sentimientos, y es esa mirada la que fija en nosotros esa maldad, que absorbe nuestra energía, nuestra potencia, nuestra capacidad de actuar, haciendo que lo bueno vire hacia el mal.
Para protegernos de esas miradas que pueden proyectar en nosotros la desgracia, os presentamos nuestros amuletos, que actuan como una muralla invisible que nos protege de aquellos que nos miran mal o proyectan hacia nosotros sus malos deseos. |